jueves, 28 de marzo de 2013

Hola de nuevo. os invito a ver mi primer web cómic.
¡Registraos y haceos fans porfi...!
Gracias de antemano.




http://comicome.subcultura.es/

lunes, 25 de marzo de 2013

¡Hoooolaaaa!
Cuánto tiempo, ¿verdad?
No voy a escribir mucho en esta entrada, sólo dejo un link para que leáis el resumen. Las visitas son muy importantes, cuantas más, mejor.
Gracias y hasta pronto.
http://es.shvoong.com/entertainment/movies/2363690-cine-christopher-nolan/
Mª Gracia.

martes, 18 de septiembre de 2012

¡Wooody...!

Hace mucho que no escribo nada, y lo peor es que no sé cómo quedará esta entrada, pues hace tiempo que quiero escribirla y, ya se sabe, el pasar de los días borra la memoria, pero intentaré que quede digna.

Vi "Cassandra´s Dream" y "Hannah y sus hermanas" con muy poco margen de tiempo entre las dos.
El cine de Woody Allen suele ser muy aclamado y he leído de muchos actores de Hollywood y de fuera que su mayor ilusión es trabajar con él.
Yo misma pienso que es un director genial, e intentaré resumir lo más posible mis impresiones sobre estos dos films y sobre él.
"Hannah y sus hermanas" está en todas las listas de clásicos "que hay que ver antes de morir", "Cassandra´s Dream", por el contrario, no es de las más conocidas de Allen, quizá porque no es una comedia. Y sin embargo, tiene toda la esencia de un hombre fascinado por el teatro clásico: es una auténtica tragedia griega, donde los principales personajes se ven atrapados por la fatalidad de su destino.
La otra película es del estilo que más le caracteriza, con momentos de pura antología cinematográfica, y situaciones absolutamente hilarantes, se comprende que esté en esas famosas listas...
Y también en ésta está la esencia del mismo hombre, en una comedia que describe toda su tragedia personal convertida en imágenes; me explicaré:
Mickey, el personaje que encarna Woody Allen, es un pobre hombre, bastante patético que estuvo casado con Hannah pero que ahora vive solo y que en un momento de la película tiene un "ataque" de misticismo y quiere encontrar una religión que consiga darle sentido a su vida, pero el modo de buscarla es tan burlesco, tan poco serio que, resulta penoso, de tal modo que, cuando piensa, por ejemplo, que debe ser católico se compra un crucifijo a la vez que la comida del súper y lo deja en la mesa con las bolsas como un artículo más, es una escena con una intencionalidad clara de banalizar la religión, no sólo la católica.

Allen es judío, lo que significa que algo sabe de Dios, pero parece no querer creer que quizá tenga Él más respuestas que Freüd, y muchas de sus películas acaban siendo una especie de psicoanálisis que gira eternamente sobre sí mismo y sus enfermizas obsesiones: una verdadera tragedia griega, un destino ciego y un interlocutor sordo; aún no le ha respondido el magnificado psiquiatra.

miércoles, 4 de julio de 2012

Terminé el trío.

Con éste ya son tres los cuadros con pompas de jabón, y como terminan las clases a mediados de julio, no me meteré con más óleos hasta septiembre.
Ésta serie no es la primera que hago, anteriormente hice una de colibrís en acuarela y flores para llenar un enorme pasillo... ¡y me harté...! pero hacer tres cuadros no es tan cansino. Espero que os guste.
Saludos.

sábado, 7 de abril de 2012

Jean Claire y la muerte del arte


Hola de nuevo.

En esta entrada inserto un artículo que me parece realmente interesante y que salió publicado hace unos días en el diario ABC:

Jean Claire y la muerte del arte

POR ÁLVARO DELGADO-GAL

EDICIONES Trea ha publicado recientemente un libro (…): «Malestar en los museos», de Jean Clair,(…) conservador, historiador de arte y ensayista,(…) trabajó en el Centro Pompidou, fue director del Museo Picasso de París, y ocupa desde 2008 un asiento en la Académie française.(…)
 El libro de Clair tampoco es un modelo de claridad conceptual. Su autor lo ha compuesto de un repelón, sulfurado, o encorajinado, por el proyecto de abrir una sucursal del Louvre en Abu Dabi. (…) Dos son las líneas argumentativas de Jean Clair. De un lado éste alega(…) que algo se ha corrompido en la gestión museal. Un amante del arte no podrá satisfacer su pasión visual —por llamarla de alguna manera— si no se cumplen dos requisitos. El primero, es que las salas del museo no estén atestadas de gente. El segundo, es la estabilidad de las colecciones. Cuando las piezas entran y salen al compás de la política de préstamos del museo, o se recolocan con el propósito de generar novedades que puedan dar lugar a titulares de prensa, el aficionado se marea. Sucede lo mismo que si nos obligaran a leer Don Quijote en tipografías cambiantes, y con las páginas estampadas en colorines. Esos efectos valen para los videojuegos, pero son incompatibles con la concentración mental que exige el disfrute de una novela o un cuadro. Pierre Bourdieu señaló, en un estudio clásico de mediados de los sesenta, que los asistentes regulares al Louvre seguían siendo, más o menos, los de siempre: gentes cultivadas, procedentes por lo común de familias cultivadas. La afluencia añadida era ocasional y postiza, fruto, o de la presión docente, o del turismo. Estamos, sin duda, mucho peor que entonces. La conversión de la cultura en espectáculo, en évenément, ha convertido a los museos en parques de atracciones, y expulsado a quienes están en situación de aprovecharlos de veras. Esto es tristísimo, por cuanto revela que se ha logrado alfabetizar al ciudadano, aunque no ilustrarlo. Y es irritante, ya que en el desbarajuste actual desempeña un papel no menor un pacto pardo entre la política, más atenta a las estadísticas que a la verdad, y la propia gestión museal, que pende de la financiación pública y acude a los procedimientos expansivos que son característicos de otras ramas de la administración: atraer fondos gustando a los políticos. Sobre los últimos, por cierto, obtenemos algunos datos sabrosos en el libro de Clair. Yo no conocía la opinión que el señor Chirac, padre de la idea Abu Dabi, atesoraba sobre la civilización romana. Es ésta: «Roma fue una civilización ocupacional que sometió a otros pueblos, una civilización de tipo colonial». Ni Bibiana Aído habría ido tan lejos. Ahora les añado una noticia sobre Sarkozy. En 2007, Yasmina Reza escribió un libro sobre el actual presidente —L`aube le soir ou la nuit—, hecho a partir de las entrevistas que con él había mantenido durante su campaña electoral. En cierto instante, Reza pregunta a Sarkozy qué obra de arte ha influido más en su vida. Y Sarkozy contesta: “El silencio de los corderos”. Basta comparar estas lindezas con los informes escrupulosísimos que Napoleón enviaba al Directorio dando detalles sobre su rapiña en tierras de Italia, para comprender lo que es la decadencia.
Clair no arremete solo contra los gestores de los museos. Incluye al cabo, en su diatriba, a la propia institución museal, tal como fue concebida desde su inicio —en el caso de Francia, 1793, año en que se ponen a disposición del público las colecciones reales—. Aquí aparece su segundo gran argumento, claramente distinguible del primero. El caso es que Clair parece haber llegado a la conclusión de que el arte moderno es una aventura fallida, y el contemporáneo, una broma obscena. Sobre el segundo escribe: «¿Cómo llamar a esas obras de “arte contemporáneo” que obligatoriamente se ponen en cualquier exposición de un maestro antiguo, de Hogarth a Praxíteles? ¿ Appetizers o relieves? ¿Entremeses o sobras? Son desechos, el bolo fecal producido por la digestión de siglos de un arte exquisito». En la misma página, leemos lo siguiente a propósito del cubismo: «… el cubismo, juzgado como una “revolución” en nuestras latitudes, no es en otros lugares más que lo que es: un formalismo inofensivo». ¡Esto lo dice el que, hasta el 2005, ha sido director del Museo Picasso! ¡Como volte-face, no está mal!
Los dos argumentos, el referido al museo, y el adverso al arte moderno, concluyen por entrelazarse, aunque Clair divague más de la cuenta y no acierte siempre a situarnos con precisión en el mapa. Clair vincula la muerte del arte a su desgarramiento de lo sagrado, que fue el ámbito en que surgió. Aligerado de su dimensión trascendente y un sí es no es apabullante, este diagnóstico podría resumirse del modo que sigue: la obra de arte no es solo una imagen en que recrear los ojos, sino un útil espiritual, entiéndase, algo que encuentra su sentido en contextos socialmente complejos. De ello da muestra la existencia de los géneros: no es lo mismo pintar un retrato que un cuadro de historia, ni un cuadro de historia equivale a una representación religiosa. Ahora bien, el museo, y Clair lo afirma con insistencia, supone la  laminación de los géneros y el reagrupamiento de obras que han sido separadas de su función original. Por lo mismo, el fracaso del museo es también el fracaso del arte moderno, es decir, del arte desconectado de su inserción en otras prácticas humanas. Uno y otro, el museo y el arte moderno, van, pues, de la mano, y van mal. Se empezó por colocar un desnudo de Tiziano contiguo a una Crucifixión o una vanitas. Se empezó por reducir el Tiziano, la Crucifixión, o la vanitas, a meros objetos bellos. Y corriendo el tiempo se llegó al cubismo, que es «formalismo inofensivo», inane. A principios del XX, la gran tradición artística de Occidente estaba liquidada. Éste… es el mensaje definitivo de Clair.
¿Lleva razón el autor? ¿La lleva, al menos, parcialmente? Concluiré (…) con el curioso episodio Apollinaire/Picasso. Al morir Apollinaire en 1918, se decidió que Picasso le hiciera un monumento. Picasso propuso primero como tema una pareja hecha un lío, y de sabor más bien lúbrico. El comité encargado del homenaje a Apollinaire estimó que la idea era indecente y rechazó el proyecto. La oferta siguiente (1928) fue un tinglado de alambre y metal, y tampoco pasó el listón. Al final, lo que se puede ver en la plaza Laurent-Prache es una cabeza de Dora Maar. Picasso, un gran pintor, no logró lo que habría estado al alcance de un artista mediocre cien años antes: glosar decorosamente la muerte de un amigo. No sabemos para qué sirve el arte moderno, y mucho menos aún, el contemporáneo. A esa conclusión, al menos, parece haber llegado Jean Clair, perito en la materia.

ÁLVARO DELGADO-GAL
ESCRITOR

Hogarth : N. Londres 1697 grabador, ilustrador y pintor satírico.
Praxíteles : N. Atenas ca. 400 a. C. el más renombrado escultor clásico de su tiempo en Atenas.
Appetizers :  (Trad. Ing.) Aperitivo.
Volte-face : (Trad. Ing.) Cambio de opinión
Laminación: Superposición.
Vanitas : designa una categoría singular de bodegón de alto valor simbólico muy practicado en el barroco.
Apollinaire : (Guillaume) N. Roma 1880. Poeta, novelista y ensayista francés.
Lúbrico: Libidinoso, lascivo.
Dora Maar : N.1907. Fotógrafa, pintora y escultora francesa. Fue amante de Picasso.

viernes, 30 de marzo de 2012

¿Es todo arte...?

Aquí os subo un vídeo muy elocuente de la calidad de ARCO y toda la parafernalia alrededor del arte contemporáneo y vanguardista...